domingo, 21 de febrero de 2016

Punto y final

Te sumergiste en las olas de mi vida sin previo aviso como un buceador en el océano.

Te presté mi confianza, te envolví con ella, te arropé y te protegí, te defendí, te cuidé.

Juntos nos balanceamos y movimos en la misma corriente hasta que un día tu te fuiste en un remolino de agua fría que iba a contracorriente.

Fue refrescante mientras duró, fue libre y eterno hasta que acabó.

Pero ahora, me doy cuenta de que no eras un simple buceador, eras un invasor que querías conquistar lo que no era tuyo a la fuerza pero gracias a un tsunami saliste de mis aguas. 

Dejaste de contaminar las orillas y de ensuciar la arena. 
Dejaste mi vida.

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